Según Gendarmería de Chile, hasta el 30 de julio del presente año, 1410 personas privadas de libertad se han infectado con el virus Covid-19, esto sin contar los trabajadores de centros penitenciarios, los cuales llegan a 1127 contagios.  Dadas a las circunstancias sanitarias, esta situación es de suma gravedad, ya que de manera histórica las cárceles de nuestro país se encuentran hacinadas, lo que claramente facilita la posibilidad de que aumenten los infectados.

Por esto, desde Omniciencia conversamos con la Doctora en Derecho, académica e investigadora en sistemas penales de la Escuela de Derecho de la Universidad de Valparaíso, Marcela Aedo, quien a través de una entrevista nos contó cómo están viviendo la crisis sanitaria las mujeres privadas de libertad.

1)¿Cómo están viviendo las mujeres privadas de libertad la crisis sanitaria?

R: En primer lugar, yo te podría decir que de acuerdo a las informaciones que manejo, las mujeres están viviendo esta pandemia desde distintos puntos de vista. Yo creo que como toda la población privada de libertad, con mucha ansiedad, incertidumbre, angustia, y el impacto ha tenido que ver con la suspensión de las visitas y la limitación de las encomiendas que les hacen llegar. Una parte importante del bien estar de estas personas pasa por las visitas, que es un elemento fundamental sobre todo para la inserción y a su dignidad, y resulta que en este contexto esto se ha visto limitado totalmente, así que eso es una primera circunstancia.

Desde otro punto de vista, bueno esto les ha afectado. Desafortunadamente, hace unos poquitos días hubo una declaración de gendarmería sobre unos casos confirmados en el centro penitenciario femenino de San Miguel, en San Joaquín también. Por lo tanto, es una pandemia que a ellas les ha legado ya, así que por supuesto también deben vivir esto con harta angustia.

Además, reportes de prensa han dado cuenta que, a pesar de ese contexto, las mujeres han buscado entre ellas mismas apoyo humano. Han utilizado las redes sociales para dar cuenta de su situación y han reivindicado el derecho a una privación de libertad en condiciones de dignidad y de acceso a la salud. Entonces, me parece que también esta pandemia nos vuelve a enseñar que ellas son personas que, como ellas mismas señalan en una declaración que hicieron las mujeres del centro penitenciario de San Miguel,  han cometido un error pero no por eso se les debe privar de sus otros derechos y me parece que eso es una síntesis de lo que sucede con las personas privadas de libertad, porque en realidad ojalá la sanción se redujera solamente a la privación de libertad, cuando en realidad la sanción implica la restricción de una serie de derechos fundamentales, cuando ingresan a cumplir una condena en un centro privativo de libertad.

 

2)¿Cuáles son las precariedades que sufrían antes de la pandemia? Esta realidad ¿Es peor ahora con la crisis sanitaria? ¿Cómo es el acceso a la salud dentro de las cárceles?

R: En general y en esto los informes del Instituto Nacional de Derechos Humanos o por ejemplo, el Centro de Derechos Humanos de la Universidad Diego Portales dan cuenta que las condiciones sanitarias de las cárceles, la verdad, no responden a los estándares que señalan el derecho internacional, en el sentido de que no tienen asegurada las condiciones de atención médica oportunidad, de plazas suficientes de atención dentro de un centro, entre otras. Y desafortunadamente, esta precariedad se ha mostrado con ocasión de la pandemia, y también multiplicar los efectos perniciosos, porque si ya, por ejemplo, hay un limitado acceso a médicos, a atención de urgencia en un centro en el que muchos casos está dado por la presencia de un paramédico, no siempre hay un médico a disposición. Yo creo que en este contexto, por su puesto eso precariza o muestra aún mucho más las debilidades del sistema.

En este sentido, antes de la pandemia, los informes ya sea de condiciones de salud, de acceso a la salud, que dan cuenta en los informes de derechos humanos y en los últimos informes que han dado cuenta el colegio médico, señalan que desafortunadamente, el sistema penitenciario no se encuentra penitenciario desde el punto de vista de infraestructura ni de atención de salud, de garantizar los estándares mínimos en estas materias. Tanto es así que, desafortunadamente, hemos visto como se han producido las necesidades de efectuar ciertos traslados de una región a otra, sin tampoco contar con las condiciones de salud óptima que estos requerirían.

Un informe recientemente publicado en abril del presente año y elaborado por la Fiscal Cabello, titulado “Situación recintos penitenciarios en pandemia COVID-19”, reconoce que la población privada de libertad es uno de los grupos con mayor exposición al contagio y, por tanto, potencialmente más afectado y perjudicado por la pandemia del COVID-19 y otras enfermedades infecto-contagiosas, como la influenza. Su permanente contacto en condiciones de hacinamiento y el constante ingreso de nuevos internos, y todo tipo de personas eventualmente portadoras del virus, aumenta el riesgo para los internos y genera condiciones para la propagación de la enfermedad, poniendo en peligro no solo la salud de las personas que cumplen castigo sino también la del personal de custodia.

 

3)Hay muchas mujeres que son madres dentro del encierro ¿Se ha tomado medidas para protegerlas a ellas y a los niños de un posible contagio?

R: Me parece que esta situación, en el caso de las mujeres, se ha visto agravada cuando esto tiene impacto en la situación de su maternidad. En general, el sistema penitenciario chileno permite que las mujeres puedan estar con sus hijos e hijas pequeñas, menores de dos años, en los centros privativos de libertad y afortunadamente, con ocasión del indulto presidencial. Ese fue un criterio, la maternidad o el embarazo, para poder dar lugar a esta sustitución por arresto domiciliario y eso me parece que es una circunstancia que hay que valorar, pero no hay que olvidar que no todas las mujeres, por supuesto, pudieron acceder a este beneficio y que todo aquello que dice relación con la maternidad, lo viven de una manera especialmente compleja.

Yo también le señalaba y me parece que esto es importante decirlo, las mujeres que están embarazadas y que tienen sus hijos al interior o cumpliendo una condena, por supuesto, son trasladadas a un recinto asistencial fuera del complejo, pero por instrucciones de gendarmería, porque en este sentido existe una regulación, ellas deben ser engrilladas. Esto es estar con grilletes en pies y manos. En estas circunstancias y salvo a petición de médico o del gendarme que esté bajo su cuidado de manera excepcional, y en este sentido me parece que esta situación, nos muestra la precariedad de cómo se viven la vida y el acceso a la salud. Estamos hablando de derechos que tienen que ver con los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y por eso, me parece que es tan importante recordar siempre el caso de Lorenza Cayuhan. En virtud de este caso, la corte suprema dictaminó que ella fue sometida a condiciones de indignidad en su trato y me parece que eso es algo que hay que tener presente, porque efectivamente habla de como desafortunadamente se regula al interior de los complejos, la vida y la salud de las mujeres.

 

4)¿Cree que la realidad de las mujeres privadas de libertad está invisibilizada en comparación con las de los hombres?

R: De acuerdo a los datos estadísticos de Genchi de 30 de abril del presente año, las mujeres privadas en libertad corresponden al 7,7%. Se trata de una minoría que históricamente ha sido invisibilizadas en el sistema penitenciario, ya que la cárcel como institución ha sido diseñada desde un visión masculina.

Y esto es complejo porque el encarcelamiento de las mujeres tiene impactos económicos y sociales. Cerca del 90% las mujeres encarceladas tienen hijos e hijas menores de edad, muchos a su cuidado-, son jefas de familias monomarentales siendo responsables tanto financieramente como de las tareas de cuidado de sus familias, han sido víctimas de violencia de género, especialmente en el espacio doméstico, provienen de hogares con altos niveles de marginación socio-económica y sufren de un alto grado de abandono de sus redes de apoyo cuando están en prisión.

 

5)¿Existen diferencias entre cárceles de mujeres y de hombres, con respecto a las medidas utilizadas por el gobierno?

R: Por su puesto que existen diferencias entre los centros de varones y mujeres, que son importantes. En general, hay menor infraestructura, hay menor acceso a talleres y oportunidades de inserción para las mujeres, y en relación a la pandemia, en general no ha habido desde lo que yo he podido revisar medidas específicas según sexo o género.

En general, gendarmería ha intentado llevar a cabo una serie de medidas y protocolos, han sido también bastantes trasparentes en términos de estadísticas públicas, con la información de cuantos infectados hay por día, eso es posible de obtener a través del banner que tiene gendarmería en su página web y en ese sentido me parece que es importante, pero como señaló la fiscal judicial de la corte suprema, Lia Cabello, en un informe ya de abril del presente año, señaló que la cárcel es una bomba de tiempo y que, a pesar de estas medidas, no veían mayores posibilidades de solución o cambio real, porque las condiciones de hacinamiento y las condiciones de vida, las hacen de imposible realización.

Yo creo que estamos frente a una situación muy compleja y en que el contexto carcelario, tal como existe hoy en día en américa latina y en nuestro país, no hace posible poder tomar de manera adecuada las condiciones de prevención.

 

6)¿Qué medidas cree que son necesarias de aplicar en las cárceles ante la crisis sanitaria?

R: Creo que una crisis como esta ha puesto nuevamente sobre la mesa la situación de sobre población carcelaria. En primer lugar, me gustaría señalar que el fenómeno de la sobre población carcelaria no es un fenómeno aislado de nuestro país, es un fenómeno que se contextualiza en un contexto regional mayor y mundial. Solo para señalar, que en américa latina, desafortunadamente, la población penitenciaria ha ido en aumento estos últimos 10, 20 años y bueno, Estados Unidos es el primer país del mundo en personas privadas de libertad, proporcionalmente. Señalar que esto desafortunadamente es una tendencia y que se explica desde distintos puntos de vista.

En general, por su puesto, yo creo que en nuestra sociedad estamos frente a ciertas tendencias, que buscan en la cárcel o en las medidas vinculadas a la privación de libertad la solución a las problemáticas, cuando en realidad se ha demostrado que la privación de libertad no es la solución radical de las problemáticas que dicen en relación con la criminalización, con la delincuencia, etc. sino que hay que apuntar a otras medidas también de medianos y largos plazos.

Tampoco me parece que podemos dejar de lado el hecho de que en la cárcel generalmente se encuentran personas que han sido marginadas desde muy pequeñas, son personas en general pobres, con escasas competencias educacionales. Hay una cantidad importante de personas que no han terminado su educación formal y porcentajes de personas que también no saben leer ni escribir. Entonces, lo que quiero decir con esto es que me parece que un estado que se tome en serio la problemática de la cárcel, que en difinitiva, no contribuye a la re-inserción social da cara a lo que sí sería también, asegurar en algún sentido mejorar las relaciones sociales, la seguridad de las personas que se sienten inseguras frente al fenómeno de la delincuencia, que es un fenómeno real.

Me parece que hay que mirar esto desde otro punto de vista y apuntar de todas maneras, en algún sentido en medidas de prevención de mediano y largo plazo, vinculadas con fortalecimiento político social a poblaciones que están en situación de vulnerabilidad y también, por otro lado, me parece tener más cuidado con nuestras políticas criminales. Yo creo que las políticas criminales que refuercen, por ejemplo, el uso de la prisión preventiva o el uso de la privación de libertad como primera opción, me parece que son permisiosas. Creo que no apuntan a la solución de una serie de problemáticas y me parece que hay que revisar los criterios de la prisión preventiva. En mucho sentido hay una serie de delitos que tienen penas asignadas muy altas, por ejemplo, los delitos de tráfico de drogas que es la primera razón por la cual están las mujeres condenadas privadas de libertad y me parece que en ese sentido, y sobre todo en un contexto como el actual, hay que revisar esas medidas y los criterios para concesión de la prisión preventiva.

También, me parece que hay que adoptar medidas legislativas para disminuir el uso de la pena privativa de libertad. Por ejemplo, pensar en iniciativas que se han llevado a cabo en otros países, que dicen relación con, por ejemplo, la suspensión de la pena privativa de libertad, toda vez que una mujer está embarazada o tiene hijos pequeños, son medidas que han visto, se han concretado en proyectos de ley que se han ingresado, que se ingresó un proyecto de ley, la ley Sayen, en homenaje a la hija de Lorenza Cayuhan que es esta mujer que les comentaba, que tuvo que parir engrillada y me parece que este proyecto de ley, que desafortunadamente no siguió adelante, me parece que es un muy buen ejemplo de lo que hacia donde debiésemos tender de cara a la reducción del uso de la pena privativa de libertad, para mejorar las condiciones de en primer lugar, de evitar o disminuir las condiciones de hacinamiento y en segundo lugar, me parece que ante todo, repensar el derecho a la salud y todo  lo que ello implica, con una perspectiva de seriedad y de integralidad, y pensar que ese derecho a la salud lo tenemos todas las personas, tanto las que estamos en libertad como las privadas de libertad. Me parece que en la medida en que nosotros como estado no tomemos ni asumamos de verdad los estándares que merece este derecho, yo creo que situaciones como esta, que afectan a la salud, siempre van a afectar de manera mucho más potente negativamente a las personas que están privadas de libertad.

Entrevista realizada por Francesca Massone C.